"Mr. Insólito" de J.F. Gómez
- J. Francisco Gómez

- 25 abr 2024
- 4 Min. de lectura
La historia comienza en un Cuarto de Guerra, con los líderes políticos y militares de la nación. Los hombres discuten sobre cuál es la mejor alternativa para evitar el Apocalipsis.
Desafortunadamente, su tiempo y opciones son escasas y algunos de los líderes más importantes, y el presidente mismo, comienzan a plantear sus propios sistemas de soluciones. — ¡Debemos evitar una guerra nuclear! Dijo el presidente.
— Debemos esperar a que nuestros muchachos acaben con su arsenal. Dijo uno de los generales.
A la escena llegó una pareja, con ropa y peinados totalmente diferentes a los de las personas en el Cuarto de Guerra. La pareja se veía desorientada y parecía que los líderes políticos y militares ni siquiera notaban su presencia. — ¿Qué es esto? Preguntó una joven al notar la rareza de la escena, pues, toda las personas y todo el cuarto se veían en blanco y negro, mientras que la pareja se veía de manera normal, a color.— No morirán más de 15 millones, señor, como máximo. Dijo uno de los generales.
...— Entonces, ¿Qué dijo el vendedor? — Dijo que con estas pastillas disfrutaríamos mucho más las películas. Le dije a mi novia, mostrándole las pastillas, un par de pastillas color gris con blanco. — Pero, ¿A qué se refería con que disfrutaremos mucho más las películas? Preguntó mi novia, algo desconfiada. — El vendedor dijo que podríamos estar dentro de la película. — ¡¿En serio?! — Es lo que me dijo. — ¡Pon ya cualquier película! Dijo mi novia muy emocionada y comencé a poner una película antigua, un poco nervioso por lo que harían estas pastillas.
Los minutos pasaban y el ambiente comenzaba a ponerse cada vez más y más tenso. — “Guau”. Dijo el novio de la joven chica, totalmente impresionado. En esta película, un mismo actor interpreta a cuatro personajes. Le dijo el chico a su novia, pues él era un amante del cine, a quien, le gustaba conocer todos los datos de cualquier película. — ¡Qué increíble droga! Dijo la chica totalmente emocionada. — Entonces, ¿Cómo es posible que esta máquina del Apocalipsis se dispare sola? Preguntó el presidente a uno de sus científicos.
El científico comenzaba a explicar al presidente que era "esencial" que la máquina se pudiese disparar sola. El científico era un hombre con espina bífida, de cabello blanco y que tenía extraños espasmos en el cuerpo mientras hablaba. La pareja intentaba mirar cada rincón de la habitación, disfrutando cada segundo de la película. — Te amo, amor. Le dijo la chica a su novio. El científico continuaba explicando esta arma y las consecuencias que esta tendría en el mundo.
...— ¿Señor? ¿Tiene usted un momento? — ¿Otra vez? Pensé al ver que otro vendedor intentaba venderme algo. — ¡Claro que sí! Dije recordando la cantidad de vendedores que había tenido que soportar todo el día. Los tres vendedores de dulces y plumas en el autobús y uno más vendiendo cigarros eléctricos, en el centro comercial, ya me habían quitado cualquier tipo de barreras que pudiera tener contra los vendedores.
— ¿Alguna vez, usted ha pensado en estar dentro de una película? Me preguntó el hombre dejándome totalmente intrigado.
Los generales y políticos celebraban, lo que parecía, una victoria contra el Apocalipsis. — “Muchas gracias, Señor, por dejarnos vivir un día más y no dejarnos morir entre los cálidos brazos de la muerte". La escena continuaba y parecía que las pastillas comenzaban a perder su efecto, al menos en el chico. El joven comenzaba a tener entradas y salidas de la película, pues por momentos él se encontraba en el Cuarto de Guerra y en otros, él se encontraba en el cuarto de su novia, acostado en la cama.
...— En serio me gustaría comprarlas, de verdad que sí, pero, ¿Cuáles son los efectos secundarios? — Ninguno, esta pastilla fue probada muchísimas veces antes de salir al mercado. Estaba un poco indeciso sobre esto: por un lado, tenía las pastillas que me harían vivir mis películas favoritas, como si fueran algo real. Aunque, por el otro lado, no sabía si estas pastillas en verdad no tenían efectos secundarios o si me volvería adicto a ellas. — ¿No le gustaría ver a sus estrellas favoritas del cine? Me preguntó el vendedor, intentando ejercer presión.
— Señor Presidente, al parecer aún seguimos en peligro. Dijo uno de sus generales, el cual, hablaba por un teléfono. — ¡¿Cómo es eso posible?! ¡Si todas las armas han sido deshabilitadas o destruidas! — Los informes indican que una sigue en pie. Todos los generales se quedaron boquiabiertos, intentando pensar en opciones si es que la máquina del Apocalipsis llegase a dispararse. — ¿Así era la película? No lo recuerdo. Dijo el novio mientras "saltaba" de la película a la realidad.
...Mi novia y yo estábamos acostados, ambos balbuceando. — ¡No sé por qué escogí esta película! Dije, mientras salía y entraba de la escena. Quiero decir, la he visto montones de veces y por más veces que la veo, no logra atraparme. Seguí hablando y hablando sobre por qué continuaba viendo esta película, si no me gustaba en lo absoluto. Aunque sea un excelente director, ¡No puedo con ella! No sé si es bélica o cómica. Dije, para regresar una vez más a la película.
El señor con espina bífida parecía ser la última opción de la humanidad... — Podemos llevar mujeres atractivas para que así la población crezca de manera exponencial. Decía el hombre, mientras luchaba con su propia mano izquierda. El hombre continuó. — Con tan pocas tareas y tanto tiempo libre será muy fácil preservar la humanidad. Dijo el hombre soltando sus muletas, mientras el resto de los generales y el presidente lo veían atónito. — ¡Presidente! ¡Puedo caminar! Gritó el científico y toda la escena cambió por bombas atómicas, sacando a sólo uno de los chicos de la escena.
...Mi novia, al parecer, había salido del trance. Ella tenía una enorme sonrisa en el rostro, mientras que yo aún continuaba "dentro". Obviamente no dentro de la película, pues ésta había acabado, me encontraba dentro de mí mismo ahora y a medida que pasaba el tiempo más y más me adentraba en mi. Miraba mis memorias y no sólo eso, ahora también las revivía. A la distancia escucho como mi novia me grita, pero eso ya es inútil, esta droga me ha atrapado en el que, tal vez, sea su único efecto secundario, el nunca poder salir de esta "película" llamada: “Mi vida”.


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